Años de investigación han demostrado que el juego tiene un rol crucial en el crecimiento, aprendizaje, y en el desarrollo personal y social óptimo en niños desde la infancia hasta la adolescencia. 

Exploremos a mayor profundidad cómo jugar tranforma nuestro cuerpo y nuestro cerebro:

DESARROLLO COGNITIVO

 Se ha encontrado que cuando se juega, el área de la corteza frontal crece significativamente. Esta la cual se encarga de todos los procesos superiores como organización de información, solución de problemas, atención, planeación, y la percepción emocional.

 

El juego crea una especie de almacén de aprendizajes que se van acumulando y van incitando al niño a actuar conforme sus experiencias previas, dándole mayores oportunidades de éxito mediante el aprendizaje por ensayo y error.

 SOCIAL

 Al involucrarse en juegos cooperativos, es decir, juegos en los que se convive con otros niños o adultos, es ahí donde los niños comienzan a desarrollar sus primeras nociones sobre negociaciones, el compartir juguetes o espacios, y el liderazgo y trabajo en equipo mediante el establecimiento de acuerdos y reglas.

 De acuerdo a Stuart Brown, la interacción en el juego permite un ensayo sin penalización sobre las normas sociales, la convivencia, y es también aquí en donde el niño puede aprender la diferencia entre un jugueteo e incluso bromas mientras exploran los límites conforme los que puede llegar a lastimar o molestar al otro, y en qué momento estas líneas se llegan a traspasar.

 

LENGUAJE

Según Fabián Mariotti, el juego es un acto de comunicación con uno mismo y con el de los otros.

En primera instancia, el juego invita a desarrollar un diálogo interno en el cual se permite la creación de reglas, escenarios y personajes que le permiten al niño ejercitar su propia conciencia y comprensión del mundo, así como el lenguaje que ha adquirido en sus primeros años de vida. Después por medio del juego, el niño comienza a imitar el lenguaje del adulto.

El juego también conlleva elementos básicos en el desarrollo de la alfabetización, ya que durante el juego los niños descubren nuevos sonidos y palabras, aumentan su vocabulario, comienzan a desarrollar habilidades narrativas e incita la comunicación con otros.

CREATIVIDAD

Un niño que juega mucho, imagina mucho. Cuando se juega, se tiene la facilidad de romper esquemas, de crear nuevos mundos, de salir de lo cotidiano y vencer cuantos obstáculos se vengan porque, dentro del juego, todo se puede.

Cuando un niño tiene el hábito de jugar libremente, se ha creado tal cantidad de conexiones neuronales que su capacidad y habilidad de tener un pensamiento divergente es mucho mayor que la de un niño que no juega. Esta facilidad de crear contenidos nuevos, de considerar nuevas opciones para trabajar son, en parte también, fruto de una mente acostumbrada al juego.

 

AFECTIVIDAD Y PERSONALIDAD

Estudios demuestran que la intensidad y calidad de expresiones afectivas es mucho mayor durante la actividad lúdica que fuera de ella.

El juego fortalece la adaptación emocional y el equilibrio de las tensiones psíquicas, las cuales, cuando existen situaciones de agobio, estrés o agresión, se compensan entre sí. Al tener un momento de libertad en el cual se expresan emociones, deseos, e incluso temores y vivencias previas a modo de proyección mediante otros objetos, así como intereses propios, esto va fortaleciendo su auto concepto y autoestima, dándole nuevas herramientas para la resolución de conflictos, y le da al niño un lugar exclusivo como el centro del juego mismo.

 

Ana Medrano Psicoterapia